El estreñimiento es un problema frecuente entre la población infantil. Representa casi el 5% de las consultas pediátricas, según la Sociedad Española de Pediatría. En los primeros meses de vida, esta disfunción puede ser debida a una inmadurez intestinal o al paso de la leche materna a la leche mixta, que endurece más las heces. Una dieta pobre en fibras, una ingesta de líquido insuficiente o el hecho de no haber adquirido correctamente el hábito de ir de vientre son algunos de los factores que también pueden influir en la aparición de este problema. El estreñimiento infantil se manifiesta mayoritariamente entre los 2 y los 4 años, aunque también se dan casos en bebés.

Cómo abordar el problema Los especialistas hablan de estreñimiento infantil cuando se producen menos de tres deposiciones a la semana con heces duras que provocan dolor, según los “criterios de Roma”, establecidos por un grupo de expertos de diferentes países. Esto puede generar en el niño inapetencia, malestar y cansancio.

En estas circunstancias conviene consultar al pediatra para abordar el problema y evitar así que se pueda convertir en una dolencia crónica. La educación en el control de los esfínters también es importante. A partir de los dos años y medio, hay que ir acostumbrando al niño a utilizar el orinal o el váter para defecar.

De todas formas, en el estreñimiento pueden influir otros factores, como la herencia o unos hábitos alimentarios y de vida incorrectos. Recuerde que cualquier medicamento para tratar el problema de estreñimiento en niños debe ser prescrito por un pediatra, que determinará la necesidad de un tratamiento farmacológico en función de la gravedad y la edad del niño. Igual que en los adultos, el mejor tratamiento para esta dolencia es la prevención.

En este sentido hay una serie de pautas que podemos seguir para favorecer el tránsito intestinal del pequeño y prevenir el estreñimiento. (ver el apartado consejos)